miércoles, 26 de marzo de 2014

Representación de la hormiga en la Antigüedad Clásica

Ant representation in Classical Antiquity

Cuando hace poco encontré una representación egipcia de la hormiga, sospeché que podría no ser casual, y que acaso estos insectos sociales habían dejado su impronta en otros objetos de artesanía antigua. Escribí entonces al sabio egiptólogo Dimitri Meeks para que me orientara sobre alguna obra de historia antigua donde pudieran estar representadas las hormigas. Me indicó el libro Mira et magica de Hanna Philipp (1986). Por suerte pude hallarlo en la magnífica biblioteca Tomás Navarro Tomás, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid. 
Allí aparecían dos pequeñas piedras ovaladas de poco más de 1 cm: 1) un jaspe de origen desconocido con la figura grabada de Deméter, la diosa griega de la agricultura y la fecundidad, sosteniendo unas espigas de trigo en la mano derecha, y con una hormiga a sus pies (siglo I a. C.- s. I-II d. C.). 2) una ágata con una hormiga tallada (s. I d. C.). 

Jaspe con la diosa griega Deméter y una hormiga tallada. Siglo I a. C.- s. I-II d. C. (Philipp, 1986) 

Ágata con una hormiga tallada. S. I d. C. (Philipp, 1986)

Estos nuevos datos avivaron aún más mi curiosidad, y en breve me vi consultando diversas obras y descubriendo, para mi sorpresa, que las hormigas fueron un motivo extensamente empleado en la Antigüedad Clásica. Fundamentalmente las tallaban en piedras de 1 a 2 cm, entalles de jaspe, amatista, ágata, cornalina, mármol, calcedonia…, a veces para engastarlas en anillos decorativos, o a modo de gemas o camafeos, pero también con significados simbólicos o mágicos. El simbolismo resalta especialmente en la vinculación de las hormigas con la agricultura y el trigo. 
Véanse los siguientes entalles tomados de la obra Tier und Pflanzenbilder auf Münzen und Gemmen des klassischen Alterums (Imhoof-Blumer y Keller, 1889):

Tres entalles representando a Ceres, diosa romana de la agricultura (Imhoof-Blumer y Keller, 1889)

Entalle con dos hormigas tirando de un arado (Imhoof-Blumer y Keller, 1889)

Entalle con una espiga de trigo y una hormiga (Imhoof-Blumer y Keller, 1889)

Excepcionalmente, Imhoof-Blumer y Keller ilustran también una hormiga alada junto a una mujer echada y una grulla:

Entalle con una mujer, una hormiga alada y una grulla (Imhoof-Blumer y Keller, 1889)

Este otro entalle, con una inscripción griega, aparece en la obra Les pierres gravées du cabinet numismatique de l’Académie Roumaine (Gramatopol, 1974):

Cornalina con hormiga tallada. S/f (Gramatopol, 1974)

Adviértase que muchas de estas hormigas sujetan un grano de trigo entre sus mandíbulas. Se trata, por tanto, de hormigas recolectoras, a no dudar del género Messor, ampliamente distribuido por toda el área mediterránea. Como relató Salomón, son hormigas sabias, previsoras, que simbolizan abundancia y prosperidad.
En el Museo Arqueológico Nacional de Madrid se conservan estos dos entalles romanos (Casal, 1990):

Ágata y amatista con hormigas talladas. Época romana, s. II-III d. C. (Casal, 1990)

Recientemente se descubrió en Valencia, en el yacimiento romano de Faldetes, una piedra de cornalina con una espléndida hormiga grabada que porta un grano de trigo (García Borja et al, 2012):

Entalle de cornalina con una hormiga. Época romana, s. II a. C.–s. III d. C. (García Borja et al, 2012)


Además de simbolizar la abundancia, las hormigas debieron ser partícipes de rituales mágico-médicos. Delatte y Derchain recuerdan, en su obra Les Intailles magiques gréco-égyptiennes (1964), las antiquísimas prácticas que hacían uso de las hormigas, mezclándolas en ungüentos y bebidas, para curar orzuelos, sordera, verrugas, podagra, gota o artritis. Para garantizar el éxito de un comercio, los griegos escondían en su interior una obrera o una reina…
A continuación, siete entalles romanos con hormigas:

Jaspe con hormiga tallada. Época romana, s. II d. C.

Jaspe con hormiga tallada. Época romana, s. II d. C.

Calcedonia con hormiga tallada. Época romana, s/f.

Cornalina con hormiga tallada. Época romana, s. II-III d. C.

Entalle con abeja y hormigas. Época romana, s. II-III d. C.

Cornalina con hormiga tallada. Época romana, s/f.

Entalle de mármol con 2 hormigas tirando de un arado. Época romana, s. I-II d. C.

Finalmente, muestro dos anillos de la época romana con gemas engastadas en las que se aprecian las hormigas talladas:

Anillo con hormiga tallada. Época romana, s. I-II d. C.

Anillo con hormiga tallada. Época romana, s/f.

Referencias:
  • CASAL R. 1990. Colección de glíptica del Museo Arqueológico Nacional. Madrid.
  • DELATTE A, DERCHAIN P. 1964. Les Intailles magiques gréco-égyptiennes. Bibliotheque Nationale, Cabinet des Medailles et Antiques. Paris.
  • GARCÍA BORJA P, LÓPEZ SERRANO D, JIMÉNEZ SALVADOR JL (eds). 2012. Al pie de la Vía Augusta. El yacimiento romano de Faldetes (Moixent, València). Valencia: Enagás-Acuamed.
  • GRAMATOPOL M. 1974. Les Pierres gravées du Cabinet numismatique de l'Académie Roumaine. Brussels: Latomus.
  • IMHOOF-BLUMER F, KELLER, O. 1889. Tier und Pflanzenbilder auf Münzen und Gemmen des klassischen Alterums. Leipzig, Teubner.
  • PHILIPP H. 1986. Mira et magica: Gemmen im Äyptischen Museum der Staatlichen Museen Preussischer Kulturbesitz. Berlin-Charlottenburg. Mainz am Rhein: P. von Zabern.

domingo, 9 de marzo de 2014

La piedra de jaspe de Guillaume du Choul

The jasper stone of Guillaume du Choul 

Guillaume du Choul (c. 1496-1560) fue un célebre coleccionista y anticuario francés, autor de varias obras entre las que destaca su Discours de la religion des anciens Romains (1556), traducida a varios idiomas. La edición española, Los discursos de la religion de los antiguos Romanos, data de 1579.
En dicha obra cuenta que estando cavando los cimientos de su casa de Lyon halló, a 15 pies de profundidad, una piedra circular de jaspe que llevaba grabada una hormiga con 3 espigas de trigo en la boca. 

Ilustración de Discours de la religion des anciens Romains de Guillaume du Choul (1556)

La hormiga, probablemente de la época romana, muestra algunos caracteres extraños, como el largo abdomen y los dos cercos o apéndices en su extremo. Sin embargo, las espigas de trigo que sujeta indican que debe tratarse, efectivamente, de una hormiga recolectora, símbolo de providencia y abundancia.
Curiosamente, uno de los hijos de Guillaume du Choul, Jean, más inclinado a la Historia Natural, fue el autor de uno de los primeros textos impresos que trata sobre las hormigas: Dialogus Formicae, Muscae, Aranei, Et Papilionis (Jean Du Choul, 1556).

Portada de Dialogus Formicae, Muscae, Aranei, Et Papilionis de Jean Du Choul (1556)

miércoles, 26 de febrero de 2014

Las tribulaciones de fray Antonio de los Ríos

The tribulations of friar Antonio de los Ríos

En 1619 fray Lucas de Montoya publicó una extensa crónica de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula. Por ella sabemos de la existencia de fray Antonio de los Ríos, natural de Écija, Sevilla.

Portada de la Coronica general de la orden de los Minimos de San Francisco de Paula de fray Lucas de Montoya (Madrid, 1619)

Así nos describe el autor de la Crónica a fray Antonio:
Su compostura natural fue a todos agradable. Tenía buena proporción en su talle y facciones; de mediana estatura, blanco y rubio, y de notable hermosura. Tuvo natural elegancia en decir, felicísima memoria, con particular agrado en lo que decía, por donde jamás fue pesado ni enfadoso en sus conversaciones. Oyó las Artes en el siglo, siendo mancebo de buena edad y loables costumbres

En 1564 fray Antonio recibió los hábitos de la Orden. Estudió teología y destacó como predicador, renunciando siempre a cualquier prelatura que se le ofreció. 
Cinco años antes de morir sufrió una apoplejía que le causó parálisis general e ingentes dolores, dejando a salvo “el sentido del oído y la lengua”. En cama e inmovilizado, dependía completamente de la atención continua de sus hermanos de Orden. En tales circunstancias, una noche, invadieron su celda innumerables hormigas:

El demonio, insidioso de la virtud y gran paciencia de este grande sirvo de Dios, permitiéndoselo así su Majestad, urdió una extraordinaria invención con que le pretendió derribar en impaciencia. Juntó una noche un poderoso ejército de grandes hormigas, que cruelmente le atenazaron las coyunturas de los dedos de los pies, manos y otras muchas partes del cuerpo. Hacíale mucha sangre y crueles llagas. A todo este tormento el siervo de Dios respondía con reírse mucho y decir muchas veces Jesús, Jesús, Jesús. Era algo tarde, y el padre fray Gerónimo Moreno estaba enfermo en la celda convecina; oyó las palabras y risa del padre fray Antonio, pasó a ver lo que tenía, y vio la carnicería que habían hecho las hormigas en el siervo de Dios. Afligióse de verle así, y de parecerle que era daño sin remedio. El bendito padre Ríos le dijo que no tuviese pena, sino que le echase la bendición y se volviese a su reposo. Hízolo así; de allí a poco rato quiso tornar a visitarle por ver cómo se hallaba, y vio que ni una sola hormiga, ni rastro de ella, había en la celda, y al siervo de Dios sosegado de aquel tormento, porque a lo que se cree rogó al Señor que se le quitase, entendiendo ser invención de Satanás, porque diciéndole el padre fray Gerónimo que sosegase un poco, y el cuidaría de volver de cuando en cuando a visitarle, respondió: No será padre necesario, que yo aseguro no volverán más las malditas, y así sucedió.

Fray Antonio de los Ríos falleció en el convento de Nuestra Señora de la Victoria de Triana, Sevilla, en 1613.

lunes, 24 de febrero de 2014

Hormigas estatutarias

Statutory ants

En la segunda mitad del siglo XVIII se fundaron, bajo el auspicio de la monarquía española, las llamadas Sociedades Económicas de Amigos del País. El propósito de estas sociedades era el fomento cultural y económico de las diversas regiones. 
En 1781 Antonio de Sancha (que fuera encuadernador de varias academias españolas y editor de autores clásicos) preparó los estatutos de la Sociedad Económica de Asturias. En la portada figura un curioso emblema con hormigas.

Emblema de la Sociedad Económica de Asturias (1781)

Sobre el significado de dicho emblema, comenta Sancha:
La empresa o sello es un hormiguero de que sale una serie de hormigas vacías, y vuelve otra de hormigas cargadas, habiendo quedado a la puerta algunas otras para la introducción de lo que éstas conducen; con ello se quiso aludir a la común aplicación que deben demostrar los socios. En la parte superior se lee esta sentencia: Disce sapientiam.

La sentencia en cuestión, “Aprende a ser sabio”, procede del Libro de los Proverbios de Salomón, en cuyo capítulo VI, 6-8, leemos:
Ve a la hormiga, oh perezoso,
Mira sus caminos, y aprende a ser sabio;
La cual no teniendo capitán,
Ni gobernador, ni señor,
Prepara en el verano su comida,
Y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Un emblema de Ulrich Kraus

An emblem of Ulrich Kraus

Johann Ulrich Kraus (1655-1719) fue un notable grabador y editor alemán cuyo preceptor, Melchior Küsel, fue discípulo de Matthäus Merian. La hija de este último, Anna Maria Sibylla Merian, se convirtió, como todos los citados, en magnífica ilustradora, además de naturalista. En 1705 dio a la estampa su famosa obra Metamorphosis insectorum Surinamensium, en una de cuyas láminas dibujó hormigas americanas:

Lámina de Metamorphosis insectorum Surinamensium (Sibylla Merian, 1705)

Kraus publicó en 1706 un volumen titulado Heilige Augen und Gemüthslust, con numerosas ilustraciones y textos bíblicos acompañados de emblemas. Uno de estos emblemas representa el misterio cristiano de la Trinidad:

Ilustración de Heilige Augen und Gemüthslust (Ulrich Kraus, 1706)

En la parte superior hay un fragmento de una epístola de San Pedro que comienza así: En fin, vivan todos unidos, compartan las preocupaciones de los demás, ámense como hermanos, sean misericordiosos y humildes… Debajo están el Espíritu Santo (simbolizado por la paloma de la paz con una rama de olivo en el pico), Dios Padre y Jesucristo. 
En la parte inferior del emblema aparecen unas hormigas:


Bajo las hormigas se lee el siguiente lema: Sociam sub pondere levat, “ayuda a su compañera con la carga”. Efectivamente, varias hormigas colaboran para acarrear alimento. La forma de las obreras, con sus patas largas y extendidas, recuerda las dibujadas por Meriam. Y el dato registrado hace 300 años es revelador. Los observadores de entonces conocían muy bien el transporte comunal de presas o alimentos grandes. Hoy sabemos, además, que las hormigas realizan transportes secuenciales en los que varias obreras se reparten, en tramos sucesivos, el acarreo de alimentos hacia el nido.

lunes, 17 de febrero de 2014

Hormigas en una Real Cédula de Carlos III (1783)

Ants in a Royal Decree by Charles III (1783)

En el siglo XVIII una terrible plaga de hormigas asoló los cultivos de varias islas de las Antillas Menores. En 1760 llegaron a Barbados, en 1763 a La Martinica, en 1770 a Granada (Wheeler, 2006 [1926]).

Fechas de aparición de las plagas de hormigas en varias islas de las Antillas Menores en el siglo XVIII

El rey Carlos III, deseoso de fomentar el desarrollo y poblamiento de la isla de Trinidad, promulgó el 24 de noviembre de 1783 una Real Cédula cuyo artículo 26 está dedicado a la prevención de las plagas de hormigas que habían invadido las islas cercanas.

Portada de la Real Cédula de 24 de noviembre de 1783 

Este el texto completo del artículo:

Art. 26 de la Real Cédula de 24 de noviembre de 1783
Igualmente advierto a dicho Gobernador que cuide con la mayor vigilancia no se introduzca en la Isla la plaga de hormigas, que tanto ha perjudicado en algunas de las Antillas, haciendo que a este fin se reconozcan individualmente los equipajes y efectos de los colonos que pasaren de ellas a la de Trinidad; y supuesto que sus habitantes son los más interesados en esta providencia, propondrán al Gobierno dos sujetos de la misma actividad y satisfacción, para que hagan los reconocimientos de las naves, y celen la observancia de este punto.

Exactamente el mismo párrafo fue utilizado en el artículo 31 de la Real Cédula promulgada por Fernando VII el 10 de agosto de 1815 para la isla de Puerto Rico.
En 2005 Edward O. Wilson propuso la identidad de la hormiga protagonista de las devastadoras plagas de la Antillas Menores en el siglo XVIII: la pequeña y polimórfica Pheidole megacephala.

Soldado de Pheidole megacephala (fot. De April Nobile, Antweb.org)

Referencias:
  • Wheeler WM. 2006 [1926]. Anotación 37 a la Historia Natural de las hormigas de Réaumur. Ed. Vision Net, Madrid.
  • Wilson EO. 2005. Early ant plagues in the New World. Nature 433: 32

viernes, 14 de febrero de 2014

Fray García y las hormigas del refectorio

Friar García and the ants of the refectory

Fray García de Salvatierra nació a principios del siglo XVI en Salvatierra de Barros, provincia de Badajoz. Sabemos de su vida por unas pocas páginas que le dedicó Fray Juan de Torquemada en su monumental Monarquía Indiana (Sevilla, 1615).

Portada de la Monarquia Indiana de Fray Juan de Torquemada (edición de 1723) 

Fray García, de padres hidalgos y labradores, quedó pronto huérfano, heredando una hacienda. Así lo describe Fray Juan de Torquemada:
Dotóle Dios de una sincerísima Ánima desde su niñez, con que no tuvo pensamiento de casarse ni aficionarse a las cosas del Mundo, más de vivir llana y simplemente ocupándose en la labor de dicha hacienda que le había quedado, hasta la edad de treinta años.
Llegado a esa edad, decidió tomar los hábitos de la Orden de San Francisco. Tras varios años en conventos españoles realizando labores de portería, fue destinado a Santo Domingo y, finalmente, a México, donde residió hasta su muerte. De su carácter da cuenta el siguiente extracto de la Monarquía Indiana:
Era fray García tan pobre en el uso de las cosas, tan abstinente, humilde, sufrido y mortificado, y tan perfecto en toda virtud, que desde que pasó a estas partes, de todos lo que lo conocieron y conversaron, siempre fue tenido por Hombre Santo, verdadero imitador de N. P. S. Francisco. Acostábase con grande crueldad, y muchas de sus disciplinas hacía en una Ermita de la Huerta del Convento, cuyas paredes y suelo estaban bañadas de Sangre, de la que los azotes derramaba. [...] Entre todas las virtudes que en él resplandecieron, su caridad se señaló más, la cual tenía con todos, y particularmente con los pobres y enfermos. En la Oración y Contemplación era continuo, sin cesar, que nunca Dios se apartaba de su memoria. 
***
Fray García, como queda dicho, tenía fama de santo, y le acontecieron cosas extraordinarias. Una de ellas ocurrió en el viejo convento de San Francisco en Tehuacán. El refectorio del que se encargaba fue invadido por las hormigas, y ningún remedio fue suficiente para deshacerse de ellas… Este es el relato de los hechos:

Cosas maravillosas obró el Señor por medio de este su siervo en diversas ocasiones que se ofrecieron, de las cuales es una, que morando en el pueblo de Tehuacán, que es tierra caliente y hay gran copia de hormigas, eran notablemente molestas al santo fray García en la oficina del refectorio, porque no dejaban cosa que se pudiese comer, según la mucha cantidad que cargaba de ellas sobre cada cosa de lo que allí se ponía.
No pudiendo sufrir esto el siervo de Dios, mandóles por obediencia, con gran sinceridad, que se fuesen y no entrasen más allí, lo cual ellas cumplieron inviolablemente, que aunque llegaban a la puerta de la oficina, ninguna de allí adelante se vio entrar dentro. Esto contó, muchos años antes que fray García muriese, su guardián que a la sazón era en Tehuacán, al padre fray Gerónimo de Mendieta, siendo su guardián en Tlaxcalla, hombre de toda verdad y muy esencial religioso. Y como este milagro era tan notorio, preguntóle después otro su guardián, morando el siervo de Dios en Toluca, cómo había desterrado las hormigas de la oficina de Tehuacán. A lo cual respondió fray García que viéndose afligidísimo por no poder guardar cosa de comer en aquella oficina, un día, con esta aflicción, hizo oración a la gloriosa Santa Ana, pidiéndola fuese intercesora para que se viese libre de aquella plaga; y luego, confiando en Dios, se levantó y mandó a las hormigas se saliesen fuera todas, sin quedar alguna, y no entrasen más allí; y parece que movidas de aquella obediencia se salieron luego todas fuera y nunca más volvieron, aunque llegaban a la puerta y a la ventana. Y que de esto se había de dar la gloria (después de Dios) a la gloriosa Santa Ana.

No he podido por menos que indagar acerca del viejo convento testigo del suceso. Los ruinosos muros que quedaban se vinieron abajo, casi completamente, en un terremoto de 1998. Luis Ramón Castañeda reproduce en su blog dos imágenes y un texto explicativo, referentes al convento, que aparecen en la obra La Fortaleza del Cerro Colorado del arqueólogo Mauricio Gálvez Rosales (2004). Estas son:

Litografía de Tehuacán, en 1780, con el el viejo convento de San Francisco en el centro (AGN, ramo Tierras, Vol. 1058, Exp 2, número de catálogo 915). (En Gálvez Rosales, 2004) 

“El templo consistió en una sola nave rectangular; sus muros tenían un grueso de 1.20 metros de ancho en su base, 1 metro en su parte terminal de arriba, y una altura de unos 12 metros. El largo total en medidas exteriores era de 48.20 metros. En el interior corría un guardapolvo de 0.88 metros de alto pintado de color rojo (según Martínez del Sobral). Se puede apreciar la existencia de dos estanques; uno para cría de peces y otro para baños. También se puede ver que había palmeras adyacentes". (Gálvez Rosales, 2004).

Muro del viejo convento de San Francisco en Tehuacán. (Fot. de Paredes Colín, 1910). (En Gálvez Rosales, 2004) 

A las tres de la tarde, un día del año 1591, falleció en Toluca Fray García de Salvatierra. Poco antes de morir pronunció estas palabras: “Sabe Dios que le he procurado amar desde que le conozco, con continuo pensamiento”.

Referencias:
  • Gálvez Rosales, M. 2004. La Fortaleza del Cerro Colorado de Tehuacán, Puebla. Puebla, Ayuntamiento de Tehuacán.
  • Torquemada, Fray Juan. 1615. Monarchia Indiana. Ed. Mathias Clavijo, Sevilla.

martes, 11 de febrero de 2014

Hormigas aladas en el siglo XIV

Winged ants in the XIV century

En torno al año 1350 Ulrico, abad del monasterio cisterciense de Lilienfeld (baja Austria), compuso, con la ayuda de varios dibujantes, un manuscrito de 245 folios con 1220 ilustraciones que ha pasado a la historia bajo el título de Concordantiae caritatis. Cada folio ilustrado contenía, en la parte superior, escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, y en la inferior representaciones de la naturaleza. Se conocen unas 40 versiones manuscritas, incluyendo la original de Ulrico, el denominado Códex Campililiensis 151.

Abadía de Lilienfeld (http://www.stift-lilienfeld.at/)

Entre las escenas del mundo natural hay tres dedicadas a las hormigas. En dos de ellas se ve a las hormigas recolectoras junto a espigas o árboles en flor.

Ilustración del Códex Campililiensis 151. © Hill Monastic Manuscript Library and Stift Lilienfeld

Ilustración del Códex Campililiensis 151. © Hill Monastic Manuscript Library and Stift Lilienfeld

En la tercera escena, y aquí la gran novedad iconográfica, se ven hormigas aladas en pleno vuelo nupcial. Este fenómeno era conocido desde tiempo inmemorial. Las reinas eran utilizadas como cebo para la pesca y la caza de pájaros, y dieron lugar a un antiquísimo refrán (probablemente originado en Oriente y difundido hacia Occidente por las invasiones árabes) que estuvo vigente en España entre los siglos XV y XVIII bajo esta forma general: “Por su mal le nacieron alas a la hormiga”. Por entonces se creía que a las hormigas adultas les salían las alas en algún momento de su vida. Se desconocía la división en castas y, por tanto, la realidad de las reinas y machos alados diferentes de las obreras.

Ilustración del Códex Campililiensis 151. © Hill Monastic Manuscript Library and Stift Lilienfeld

domingo, 26 de enero de 2014

Leptanilla. Vuelo, miniaturización y apterismo

Leptanilla. Flight, miniaturization and apterism

Hace tiempo describí en otra entrada el vuelo de un macho de Leptanilla, un género de hormigas diminutas, estrictamente subterráneas y ciegas, de hábitos nómadas y linaje ancestral. He retomado el video (filmado originalmente a cámara lenta a 600 fps) para editarlo a una velocidad de reproducción de 2 fotogramas por segundo, de tal forma que se aprecien con claridad, durante el corto vuelo, los 7 contactos dorsales entre las alas de ambos lados. Estos impactos de las alas contralaterales, denominados “clap and fling” por Weis-Fogh (1973) en sus estudios sobre el vuelo de coleópteros muy pequeños, generan vórtices que incrementan la capacidad de ascenso de estos micro insectos para los que el aire constituye un medio sumamente viscoso (con un índice de Reynolds muy bajo).
Recuerde el lector que el macho de Leptanilla recorre en el siguiente video una distancia de 10 mm a una velocidad de 20 cm/seg, batiendo las alas con una frecuencia de 150 aleteos/seg.

Vuelo de un macho de Leptanilla sp

Esta notable adaptación del vuelo de Leptanilla –los impactos dorsales entre las alas de ambos lados– está directamente relacionada con la miniaturización, que se vincula a su vez con la vida hipogea. El hecho de que los machos de estas hormigas ciegas y subterráneas salgan al exterior, con alas dotadas de mecanismos especializados para incrementar la capacidad de vuelo, nos retrotrae de algún modo al origen remoto de las hormigas.
En los últimos años se ha propuesto, mediante filogenias basadas en análisis de ADN, y con estudios sobre los hábitos de nidificación de numerosos géneros, que la familia Formicidae debió surgir bajo tierra. Uno de los grupos ancestrales, situado en la base de dicho árbol filogenético, es precisamente el de la subfamilia Leptanillinae, una subfamilia con escasos géneros miniaturizados y subterráneos.
Sin embargo, los fósiles más antiguos de hormigas descubiertos hasta ahora son de especies de mayor tamaño y con ojos desarrollados que debieron vivir, por tanto, en estratos superficiales o arbóreos.
El problema planteado no es pequeño. Permítame el lector una breve especulación:
  1. Es difícil encontrar fósiles de hormigas minúsculas y estrictamente subterráneas, y por ello no puede descartarse su existencia anterior a la de las especies fósiles de la extinta subfamilia Sphecomyrminae.
  2. La vida subterránea de las primeras hormigas, necesariamente miniaturizadas para su desenvolvimiento en el ambiente hipogeo, pudo ser clave en la inducción del apterismo de la casta obrera. El apterismo de las obreras es una de las características esenciales que definen a las hormigas respecto de otros himenópteros, sobre todo por la potencialidad que ofrece de interacción con el medio. Esta potencialidad, sobrevenida como consecuencia del apterismo, pudo ser uno de los motores evolutivos que aceleró la extraordinaria diversificación de los formícidos.
  3. Las primeras hormigas subterráneas debieron mantener siempre algún tipo de contacto con el exterior. Un ejemplo son las actuales Leptanillinae, cuyos machos conservan ojos y alas funcionales.
  4. De lo anterior se desprende que probablemente hubo especies pequeñas y subterráneas anteriores a las de los fósiles conocidos de hormigas oculadas y epigeas. Cabe predecir que en el futuro se descubrirán fósiles de las minúsculas hormigas primigenias que vivieron bajo tierra, quizá de algún macho atrapado en ámbar durante el vuelo nupcial.

Referencias:
  • Weis-Fogh, T. 1973. Quick estimates of flight fitness in hovering animals, including novel mechanisms for lift production. The Journal of Experimental Biology 59: 169-230.

viernes, 10 de enero de 2014

Representación de la hormiga en el Antiguo Egipto

Ant representation in the Ancient Egypt

Los egipcios representaron numerosos animales. Entre los artrópodos figuran abejas, escarabajos, langostas, mantis, moscas, libélulas, mariposas, centípedos, cangrejos y escorpiones. Las hormigas, sin embargo, parecían estar ausentes… En vano las busqué. La consulta a varios especialistas no tuvo éxito. Antonio Melic, en su estupendo artículo sobre los artrópodos en los jeroglíficos (1997) informa de su existencia, pero reconoce no haberlas localizado.

El experto André Dollinger, en su magnífica web dedicada al Egipto faraónico, afirma que se desconoce todavía la palabra “hormiga” que debieron emplear los antiguos egipcios. Cita dos papiros en los que, de acuerdo con el contexto, parecen mencionarse:

Papiro Insinger

Un poco de viento mueve el barco
Una pequeña abeja trae la miel
Una pequeña hormiga acarrea la miga
Una pequeña langosta destruye la vid


Papiro Mágico Demótico de Londres y Leiden

…Cogerás entonces una hormiga. La hervirás en aceite de alheña. Ungirás con él sus pies (remedio contra la gota)

Del interés por las hormigas entre los egipcios da cuenta un curioso dato registrado por la historia de la cosmética: componían máscaras y pinturas faciales mezclando pupas de hormigas machacadas con ceniza o pigmentos animales y vegetales. Si además recordamos la ubicuidad de estos insectos, su impacto en las cosechas, su simbolismo vinculado a la previsión y a la organización social, ¿era seguro que nunca fueron representadas en papiros, monumentos o adornos?

La reciente lectura de un artículo del egiptólogo Dimitri Meeks (2010) me puso sobre la pista a seguir. El autor asevera haber encontrado la palabra hormiga en el llamado Papiro de Turín. Véala el lector:


La palabra hormiga en escritura jeroglífica  (según Meeks, 2010)


Meeks relaciona dicha palabra con la empleada en un dialecto berbero-líbico para designar a la hormiga: taget’t’ouft, así como con la utilizada en lengua copta:

La palabra hormiga en idioma copto (según Meeks, 2010)

Finalmente, declara que no existe representación de la hormiga en el Antiguo Egipto, pero añade la siguiente nota al final del texto: “con la excepción de una piedra grabada” que aparece en una de las láminas de la obra Objects of Daily Use del arqueólogo Flinders Petrie (1927). En dicha lámina (la nº XIV), bajo el epígrafe “Piedras grabadas sirias y clásicas” (pertenecientes, por tanto, al periodo final del imperio egipcio, sujeto a diversas invasiones e influencias externas), se halla efectivamente una pequeña piedra ovalada con dos hormigas grabadas, enfrentadas una a la otra.


Piedra grabada del Antiguo Egipto (según Petrie, 1927)

Llama la atención la fidelidad morfológica: las seis patas en las que se aprecian el fémur, la tibia y el tarso; las dos antenas, la división del cuerpo en cabeza, tórax y abdomen. Muy curiosa es la protuberancia que sobresale de la cabeza. La tomé al principio por mandíbulas alargadas, pero (como intentaré mostrar en una próxima entrada) se trata con seguridad de un grano de trigo acarreado por la hormiga.


Referencias: